A MÍ ENSEÑÉNME A PARIR

En el entierro de El Greñas no pude hablar.

Sí lo intenté. Porque era mi familia, carnal casi, pues nos criamos juntos. Pero no pude: se me hicieron bola las palabras en la garganta y no me dejaron que las sacara. Solo salieron gemidos y una voz ronca y quebrada mientras unas lágrimas quemantes se juntaban con mi saliva. Entonces Bocho Castillo habló y dijo algo alusivo a los familiares hipócritas que aparentan dolor. Yo me acuerdo de eso ahora pero en aquel rato no le tomé rencor a Bocho por decir eso. ¿Qué iba a saber Bocho de si mi dolor era deveras o estaba fingiendo? ¡Chingue su madre!, me dije para mí.

¿A partir de qué edad se empiezan a guardar los recuerdos en nuestra memoria? Hay estudiosos que dicen que es a los cuatro; que a partir de que uno tiene cuatro años empieza a guardar. Entonces si nos encontramos a alguien que se acuerda cuando gateaba pues no lo podemos creer: no hay quien se acuerde eso. Pero no por eso miente: es que nuestros papás nos han dicho cómo éramos cuando éramos niños y a fuerza de oírlo se nos pegó como un recuerdo. Pero no.

Bueno, yo cumplí cuatro años de edad en agosto de 1961 y dos meses después guardé mi primer recuerdo: voy a mamache de Nando y estamos cruzando el arroyo que se llama Calle Anáhuac. Tiene dos días que está lloviendo sin parar y en el radio han anunciado que tengan cuidado porque esto es un ciclón y se llama “Tara”. Estamos a 11 de noviembre de 1961. Cuando haya internet, en el futuro, dentro de cuarenta y siete años, voy a saber que este ciclón dejó 436 muertos en Guerrero, según unos: pero deben haber sido más puesto que fue cuando se perdió Nuxco. Pero ahora Nando me lleva en sus hombros a la casa de Julia para guarecernos allí. Es que la casa de nosotros es de bajareque y dice mi apá que no vaguantar la tempestad. Así que nos vamos a proteger allá porque allí vive mi tío Leodegario y la casa aguanta más.

Nando es hermano de Matagente. Digo “es” porque ya están muertos los dos. Después que mi tía Ofelia fracasó en su primer matrimonio del que nació Luis, hizo pareja con Chucho Hernández y de allí nació Hernando Fierro . Pero a mi tía Ofelia no le mejoró la suerte: este tampoco se hizo cargo del chamaco y Nando creció sin padre. Mi tía falleció luego-luego y la crianza corrió a cargo de mi amá. Por eso con Nando y Luis éramos como hermanos.

Con Nando casi todos mis recuerdos son tristes: como cuando los Santos Reyes me trajeron dos pistolas de oro (amarillas brillantes) y mucha santa-perica pero a él no le trajeron nada. Esa vez fue cuando yo supe quiénes eran los dichosos santos reyes. Nando me dijo “ven a ver lo que te van a trer los santos reyes: yo ví cuando pusieron los juguetes en esta caja”. Y cosas así: las cosas que le pueden pasar a un niño sin padre ni madre y cuya tía que lo crió (mi amá) estaba inválida en una silla de ruedas sin poder valerse por sí misma para procurarle más atención.

El apodo de Greñas le quedó de la época en que nos pegó sarampión a los dos: en ese tiempo una de las cuarentenas de tradición es que no podías pelarte porque te podía dar alferecía o quién sabe qué. Así que andábamos bien mechudos los dos chamacos pero cuando se nos pasó a mí me pelaron luego-luego. Nando en cambio se echó un buen de tiempo con las greñas largas. Y como en ese tiempo había una revista en la que salía un chamaco mechudo a quien le decía “el greñas”, pues así le quedó.

A los trece fuimos a casa de unos primos donde iban a velar a la virgencita. Allí fue done probé el alcohol por primera vez: El Greñas se agenció un tequila y la probé y me gustó. Anduvimos bien briagos todo el once de diciembre pero no llegamos a la casa y no me notaron. Cuando llegamos en la madrugada del doce ni se despertaron y no se dieron color.

Yo me uní al chupe hasta que cumplí los quince pero el Greñas siguió pegándole al tequila y se hizo alcohólico. A los diecisiete yo ya era un borracho parrandero. Entre semana bebía con los borrachos de Inmecafé pero los sábados y domingos bebía con la raza de mi rumbo. El Greñas era invitado de honor ya que era travieso, grosero, dicharachero. Me acuerdo que los domingos, temprano, regresaba de la plaza y algunos le gritaban “Greñas, ven para enseñarte a trabajar”. Pero el Greñas ya traía un tequila en la bolsa camino a la casa y alegre les contestaba “a mí enséñenme a parir, cabrones”.

El Greñas se enamoró. Y feo. Pero le fue feo, también. Nunca pudo concretizar su ilusión y tuvo que sufrir la vergüenza de ver a su amada con otro que era serio y formal. Cómo sufrió cuando auqella se casó. Ñoda Rita, la que trabajaba con Ñoda Chole en la casa del Patán, decía “este se va a morir de tristeza y alcohol. Eran días de estar en la banqueta de mi casa bebiendo y poniendo la canción de Rigo Tovar que se llama Lamento de amor. Como sufrió esa experiencia. Ya no dejó el alcohol para nada.

Yo le curaba la cruda llevándolo donde el Doctor Ríos, allí por donde doña Mine. Y el doctor dijo “no vuelvas a beber porque te vas a morir”. Una y otra y otra vez lo llevé al médico porque ya las crudas le hacían mucho daño. Más antes ya lo habían llevado al anexo que los Alcohólicos Anónimos tenían en una casa propiedad de Don Leonel García. El maestro atendió la solicitud de El Matagente, con quien había fundado el primer Grupo de Neuróticos (“Humildad”). Este maestro Chon sí que ha hecho una labor social con los borrachos. El primer grupo lo fundó allá por la secundaria y se llamó….no me acuerdo. Pero tenía su anexo de nombre “Sendero de Vida”. El último (hasta ahora) lo creó en el Ayuntamiento a petición del Presidente Brito.

Ese día El Greñas me dijo “Chava, llévame al doctor”. ¡NO! Le dije, contigo es dinero tirado. De todos modos vas a volver a beber. Aunque quien sabe, tu sabes que te vas a morir de cruda”. Y él se alejó a su cuarto sufriendo los estragos de la crisis. Mi hermana me dijo que nos cooperáramos y lo lleváramos. Y como yo nomás quería tantito, le dije que sí, que ora pues. Mandé un chamaco donde Nando: “Dile a Nando que se arregle, que lo vamos a llevar al doctor”.

Dicen que Nando se alegró. Al ponerse de pie para ponerse la camisa, trastabilló y se fue para atrás y se golpeó la cabeza. Quizá se desnucó o quizá fue un infarto. Y ahora sí salió el dinero para el velorio y para el entierro. Que me perdonen los entendidos pero me fusilo esta parte para decir que para El Greñas el día más importante de su existencia fue el de su muerte.

La gaveta del Greñas también sirivió para Matagente. Recientemente, cuando íbamos a enterrar a Luis, se abrió esa gaveta y sí, allí estaban unos cuantos huesos, una calavera y unos cabellos. Eso era lo que quedaba de El Greñas. Ahorita Flore va a sellar la tumba de Luis. Pero antes tiene que meter allí mismo esta bolsa negra en donde se echaron los huesos, la calavera y los cabellos de aquel ser que se llamó El Greñas

Pero todo eso lo sabré en el futuro. Ahora me lleva Nando sobre sus hombros a protegerme del ciclón. El Greñas cuidando a su hermano menor, a Chava Ruiz.


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