BORRACHO NO VALE

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A Emiliano lo conocí en “La Garrapata” y fue por él que di con Ñoda Chole y Ñoda Rita, las señoras que vendían tostadas y enchiladas, seños muy buenas hasta el día en que a Milio se le ocurrió ponerse a fajar con María atrás de La Cueva a dishoras. Esa noche pasó la chota y se llevaron a María previa madriza a Milio. Después la soltaron pero resultó una panza que traumó a Miliano: “el chamaco no es mío” repetía una y otra vez. Si es tuya la vaca, es tuyo el becerro se le contestó. Como sea aquella noche fue una desgracia para Milio y María. Ya no pudieron seguirse dando tanto cariño como se llegaron a tener.

“¿Porqué esas cosas son tan importantes”) pensaba mientras en el urbano íbamos quedando nomás unos cuantos. Ayer fuimos con Meza, Juan, Tito, Carachure y Onésimo a chingarnos unas chelas en un restaurant que está afueritas del mercado Perseverancia. Nos sale barato porque compramos tortillas, chiles y queso y con eso matamos el hambre y ahorramos dinero para las cheves. Todo transcurrió bien y a nadie se le botó la canica. Ahorita El Pollo está frenando el urbano porque aquí nos vamos a bajar mi tío Filis (“Filis es la marca; Filiberto es mi nombre”) y yo. Vamos a la Pasadita de Félix. Es una enramadita que está más debajo de la colonia Mariscal. No tiene ningún chiste pero allí se junta mucha raza. Félix sabe dar botana: tripa, chile y tortilla.

El Pollo se llama Armando y es el que maneja el urbano, el camión que transporta al personal del centro de trabajo a la ciudad. Es muy buena onda. Es delgado, chino, moreno. Muy simpático; yo nunca lo he visto enojado. Antes de las ocho ya va pa’rriba el camión, llevando el primer viaje porque la entrada es a las ocho de la mañana. Después se da otro viaje por los que se retardan. En el transcurso del día se echa como dos vueltas porque los jefes le dan algún encargo. De allí hasta las tres y media, la hora de salida. Y ahí va el urbano haciendo paradas en el camino entre relajo del personal y relajo del Pollo. Mi apà se baja en la Herminia y mueve la cabeza cuando ve que me sigo de frente. Sí, seguro voy a llegar borracho. Como pueden salir hijos borrachos de padres abstemios.

Ahora estoy echándole unas monedas a la sinfonola y empiezo a moverme al sonar el ritmo de “por fin cayó Mercedes”. Mi tío Filis se para y me regaña “No empieces con tus pendejadas, apenas vamos empezando y ya’stàs pedo”. Pero no. Estoy, como se dice, medios chiles, entonadito y me gusta bailar aunque sea solo, cuantimás esta de Mercedes. Pero bueno, es mi tío y le hago caso y le digo, órale pues, vámonos a la mesa. Claro, vinimos a beber. ¡Félix, pero hombre chingao qué esperas!

Mañana será un día como hoy. En la disquera que está enfrente de los chocomiles voy a comprar el LP de Juanelo, el que trae “qué esperabas” y luego agarraré el chupe con Godoy y el Siete Cabezas; a la mejor aquí mismo en La Pasadita. Ya llevo casi veinte días así, desde que la que era mi novia se puso de novia con otro güey. Pero ya me mandó un recado y un disco. Es que le dijeron que me la paso bebiendo. Y bueno, sì, borracho uno hace puras pendejadas pero como decía Miliano: “borracho no vale”.

 

En esta historia Emiliano es un personaje ficticio pero en la vida real existe y es un escritor autor de un libro de cuentos llamado “Borracho no vale”. Los personajes de Ñoda Chole y Ñoda Rita,  le pertenecen. A ellas y a él los conocí en La Garrapata. Aquí le tomo el nombre de su libro para esa historia literaria de la vida en Atoyac en los 70’s.

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