Calle Anáhuac

Pochote

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Ahora que se acostumbra dar medallas de reconocimiento a los grandes atoyaquenses, habría que proponer al funcionario desconocido que le puso el nombre a esa calle. O mejor al ingeniero que aceptó poner la calle en el croquis de la ciudad. Más bien habría que darle medallas a los primeros que se fueron a vivir a esa calle. Es que no era calle. Era un zanjón que empezaba donde ahora es la calle cafetal (otro eufemismo) y se acaba más debajo de la casa de Lena la de Nayo. Ese zanjón se iba haciendo grande más o menos desde donde Nico y ya cuando iba a la altura de la casa de Víctor Fierro tenía más o menos unos dos metros de ancho y uno o uno y medio de profundidad. En su fondo había basura y arena, mucha arena que la lluvia arrastraba de arriba. El zanjón se hacía más feo al caminar hacia abajo aunque a la altura de donde Nayo se angostaba y dejaba un espacio por donde caminaba la gente.

Después de la casa de Nico seguía la del Güero, la de Margarito, Wlfrano, Víctor, Froilán, Don Rosas, Julio Rojas, la esquina de la casa de Alfredo y luego la casa de doña Juana Millo. Enfrente de estas casas quedaban los terrenos de don Gilberto, la casa de Brígido, Arnulfo, María Galindro y luego estaba el imponente Tamarindo, que era el lugar de reunión de los chamacos a cualquier hora del día, pero más en ls tardes, después del futbol. Por el lado de arriba El pochote marca el inicio del camino a las milpas, a la azul montaña a cuyo pie está Atoyac. Cuando sopla el viento las vainas del pochote sueltan una cosa así como lana, como algodón. El aire se llena de estos algodoncillos que andan volando según el capricho del viento y yo los persigo, imaginando que yo también estoy volando. ¡Ten cuidado con los vidrios!, grita mi amá porque andamos descalzos por la arena del zanjón.

En el 94 María de la Luz dio el cemento para la pavimentación de esta calle y los vecinos cada quien aportó su labor, su fajina, para ir pavimentando el frente de cada casa. Así se logró que la calle Anáhuac quedara pavimentada. Pero el trabajo de modernización de la calle se debe a los propios vecinos que desde más antes, allá por el 67 empezaron a poner muros de piedra para que la arena que la lluvia arrastraba se fuera quedando emparejando el zanjón. Había muros donde Froilán, otro por donde Julio Rojas y el último enfrente de la casa del Profesor Teófilo.

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