DECIR AMIGO ES DECIR, BRONCA, CHAMACA Y ALCOHOL

Paro

Los que a esa hora estaba en La Paquita vieron como llevaban a Pancho Arroyo y Chava Ruiz: con la mano torcida atrás, manita de cuche, presos. Arroyo reclamó el trato que les daban los policías y sacó que le dieran un chingadazo y le pusieran la pistola en la cabeza. ¿Se imaginan si en ese tiempo hubieran existido los celulares y alguien subiera el video a yutub?, Los dos líderes del sindicato de Inmecafé presos por alterar el orden público.

Oriundo de Taxco, Arroyo llegó a Atoyac en el 73. En el 72 terminó sus estudios en Zacatepec y trabajó en Chiapas como técnico agrícola en la broca del cafeto. Allí hizo contacto con gente de Inmecafé que entonces se llamaba BEMEX y estaba en liquidación. En el 73 fue a México, a las oficinas del INMECAFE recién creado y se le contrató y asignó a Atoyac. Qué bueno.

Llegó al Departamento Técnico que tenía sus oficinas en el Edificio Ludwig y obtuvo un departamento junto con otros para vivir allí mismo. Quedó bajo las órdenes del Ing. Niebla, robusto el hombre, güero, con sombrero, sinaloense. Allí llegaron, más tardecito, los muchachos promotores del cambio que recién salidos de la universidad, entraron al área de Organización de Productores: Carlos Penichet, Alejandro León, Humberto Barraza, Juan Francisco Castaños. El trabajo de los técnicos era irse a los cafetales a brindar asistencia a los cafeticultores para que tomaran una de dos alternativas con sus cafetales: o la renovación de plantas o la recepa. Los promotores, en cambio, atacaban el lado organizativo formando Uniones de Crédito Ejidal, las UEPC’s.

El Arroyo de aquel tiempo no era muy diferente del ahora Licenciado Arroyo y futuro politólogo: güero, cabello lacio cayéndole en la frente, de caminar pausado, mirada atenta, de largo pensar antes que hablar, parrandero y mujerero. Fue fundador de la Preparatoria 22 y de inmediato se contaminó con las ideas revolucionarias que abundaban en el ambiente universitario dirigido por Wences Reza y la Universidad Pueblo. De inmediato su ideología adquirió el tono rojizo de los comunistas. Su relación con Chava Ruiz era inevitable pues éste había adquirido en esos años un color escarlata debido a su inserción en la izquierda revolucionaria y se le había metido en la cabeza que había que democratizar al sindicato de Inmecafé.

El Sindicato estaba en manos de los patrones primero a través de Puyo y después de Antonio García Michelin. Penichet , León y Barraza, arrebataron la dirección sindical y pasó a manos de estos nuevos muchachos que se agrupaban en torno al líder nacional llamado “El Ruso” por haber estudiado en la URSS. Todo fue miel sobre hojuelas durante muchos años: Penichet, Barraza y León se turnaban la dirección del sindicato. Así fue hasta que Chava Ruiz y Arroyo tuvieron una plática: hay que quitarle la dirección a estos cabrones y que la tome gente de Guerrero, hay que democratizar la sección. Así nació la Planilla Roja “Cambio Total: Venceremos” integrada por Salvador Ruiz Fierro, Francisco Arroyo Delgado, Guadalupe Galeana Pano, Inocencio Santiago Vázquez y Evangelina López Ocampo. Puro guerrerense. En 1980 asumieron la dirección.

El Sindicato de Inmecafé tuvo muchos líderes valiosos en Atoyac pero es innegable que fue en el período de esa dirección cuando tuvo el color más rojizo: se realizó la primera marcha obrera en Atoyac el uno de mayo, se realizaron tres paros en el Inmecafé y se realizó una movilización con marchas y paros logando la basificación de 48 trabajadores eventuales.. Ahora eso es normal pero en ese tiempo aún había miedo por lo de Lucio. En uno de esos paros intervino el ejército para disolverlo. Tres compañeros fueron desaparecidos ocho días y luego puestos en libertad por la presión de los trabajadores. Hubo una confrontación álgida entre los trabajadores y el patrón, en ese tiempo Nabor Ojeda Delgado. Sí, fue esa dirección la pionera del resurgimiento de las luchas obreras en Atoyac después de la represión habida en los 70’s.

Pero la coincidencia entre Ruiz y Arroyo no era solo el color ideológico. Entre otras tenían la afición al chupe. Después de cada asamblea, los sábados, se formaban grupos de trabajadores que se diseminaban por las cantinas y restaurantes de Atoyac. Por ser dirigentes, Panchito y Chava se mantenían juntos en las borracheras para atender a los dirigentes nacionales que tampoco eran negados al alcohol. Cualquier lugar era bueno: el Paraíso Tropical, La Pasadita, Chabelona, La Jarocha, El Carioca, Las Calandrias, La Revancha, y muchos etcéteras. En el Carioca coincidieron en despreciar a una rubia grandota, muy bonita, que se les insinuaba abiertamente. Optaron por dejar que otro se fuera con ella. La suerte le cayó a un licenciado que estaba en el grupo, se la llevó al cuarto y de inmediato salió corriendo abriendo tamaños ojotes entre las risotadas de la concurrencia. En ese momento en otro lugar del salón se inició una bronca y empezaron a volar las botellas y apagaron la luz. Para acabarla de amolar la rubia salió también persiguiendo al licenciado y Arroyo, como pudo, sacó al compañero de aquel lugar. No pararon hasta llegar al Volkswagen en el que andaban. Nos vimos hasta el otro día.

En una de esas coincidencias raras de la vida Panchito Arroyo y Chava Ruiz estaban bebiendo ya noche y habiéndose ido los demás ellos continuaron solos la parranda. Chava cargaba una guitarra porque le gustaba contar canciones de Serrat. No sé cómo diablos en la plática de borrachos surgió el nombre de una chamaca que había sido novia de Chava. Resulta que Panchito Arroyo comentó que también la había pasado por las armas . No faltaba más: surgieron los celos retroactivos y Chava Ruiz le dejó ir un guitarrazo. Se calmaron y se fueron discutiendo por la calle. Cuando llegaron atrás de la Iglesia, casi por donde la maestra Zoila, Arroyo enfadado le dijo “bueno, si quieres vamos a sacarnos el coraje y nos damos un tirito”. Sale. Chava, chapucero, madrugó con una patada a los gûevos que se perdió en el aire y Arroyo respondió con tremendo mandibulazo que hubiera envidiado Paquiao. Apenas estaban empezando la gresca cuando se vieron rodeados de policías. Los sometieron y les pusieron la mano atrás de la espalda haciéndolos caminar hacia la cárcel.

Pasaron por La Paquita, que todavía estaba abierta y allí estaba Coquis, la mujer de Victorio. Ella, diciendo “no puede ser” los siguió y cuando Chava y Arroyo, en la cárcel, buscaban el pretilito para sentarse mientras saludaban a Ludin que ya estaba allí., les hablaron y los sacaron. La Coquis pagó la multa y los dejaron libres.

Chava Ruiz ya no bebe por causas ajenas a su voluntad. Arroyo pronto se licenciará en Politología pero le sigue gustando el vino. Al comprar un refresco en la Terminal lo veo y lo saludo con gusto. Nos venimos a Atoyac juntos, recordando esos años a veces reflexionando y a veces con carcajadas. Antes de bajarnos le digo: Licenciado, qué bueno que estaba Coquis allí, si no………Allá estuviéramos.

Prepa Paro